Demasiado vieja para estas mierdas





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–Bueno, pero lo mío, en realidad, no depende de mí. No me queda más que esperar –reconoció Míriam, resignada–. Así que hablemos de ti. ¿Qué pasó con el tipo aquel que te gustaba tanto?

Elisa levantó la cabeza, levemente sobresaltada.

–¿Qué tipo?

Míriam sonrió. Realmente su amiga no sabía de quién le estaba hablando.

–Sí, mujer. El tipo aquel, al que conociste en la despedida de Jaime y Elena. ¿Cómo se llamaba?

–Ah, sí. Alberto –recordó, por fin, Elisa–. Pues nada, ¿qué va a pasar, mujer? Eso no era más que un enamoriscamiento.

-¿Enamoriscamiento? –preguntó Míriam, divertida.

–Sí, chica. No llega ni a enamoramiento. Es cuando alguien te hace gracia, jijí, jajá, hablamos mucho una temporada,  nos reímos, tonteamos, nos sentimos adolescentes otra vez, ya sabes, ese chute de endorfinas de cuando tenías 15 años. Si hay suerte echas un polvo, o dos, o tres, pero luego la cosa se pasa y oye, todos contentos, aquí paz y después gloria.

Elisa le dio un sorbo largo a su café.

–Y...¿hubo suerte? –preguntó Míriam, ladeando su sonrisa.

–Pues no, chica, no dio tiempo. Yo creo que es por la edad.

–¿Qué edad ni qué edad? ¡Que tenemos 33 años, Eli!

–Suficiente. A mí cada vez me duran menos los enamoriscamientos. Antes era de otra manera, ¿sabes? Aguantaba más el juego. Quizá porque imaginaba que podía durar para siempre, no sé. La cosa es que ahora no. En un determinado momento veo que la cosa no va a dar para mucho y, en cuanto lo veo, pues ya está, ya no hay más que hablar, pierdo el interés y las ganas. Y eso me pasó con este. Al principio todo muy bien, como críos: hablábamos hasta las tantas, leía sus mensajes y se me quedaba cara de anormal, lo típico, ya sabes. Pero de repente, un par de semanas después, ¡puf! Y nada.

–Y nada... –repitió Míriam.

–¡Nada, tía, nada! Cuando se me acabó el enamoriscamiento ni siquiera habíamos dicho de quedar aún. Ya sabes, que si el trabajo, los compromisos con otra gente... ¡Lo típico! Y cuando me propuso salir a tomar algo yo ya me había aburrido del juego. Ya ni endorfinas, ni jijí-jajá ni ná de ná. Yo es que creo que no estoy hecha para estar con nadie, que ya mismo dejo de fijarme en la gente. Es que si lo piensas bien...

Míriam esperó unos segundos a que su amiga acabase la frase, pero se dio cuenta de que no iba a hacerlo: la mirada de Elisa se perdía más allá de su hombro.

–Si lo pienso, ¿qué, Eli? ¡Eli!

–Ay, sí, perdona –contestó Elisa, volviendo en sí–. No sé qué te estaba diciendo, es que detrás de ti hay una chica pelirroja monísima... ¿Tú crees que quedará muy raro si le doy mi teléfono?




Comentarios

  1. Esta entrada me ha hecho pensar en un filósofo: Bauman, y su tiempo líquido, así es como define esta época (y eso incluye todo, incluso las relaciones personales, laborales, culturales...). A mí no me acaba de gustar del todo :( Pero es la realidad palpable que hay, me temo.
    Perdona si me he ido por las ramas, pero es lo más interesante que creo que puedo comentar.
    ¡Un abrazo!

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    1. La teoría de Bauman creo que es más descriptiva que prescriptiva, aunque no la conozco en profundidad, más que por fuentes secundarias. No obstante, que la realidad nos guste o no es hasta cierto punto indiferente. Pero vamos, cmo ya te comenté, esto no tenía mucho que ver con eso, aunque está bien que haya lecturas que no esperaba :)

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  2. Jajaja... me ha gustado eso del enamoriscamiento...
    Divertido relato...aunque por el título me imaginaba más drama, jeje.
    Feliz domingo, amiga.

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    1. Jajaja, ya hay bastante drama, querida. Vamos a reírnos ,¿no? :)

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  3. Bettie, me ha encantado el nombre de una de las protas. Y bueno, no me cansaré de decirte lo bien que describes lo que otros, no tan afortunados en esto de la escritura, pensamos.

    Un abrazo enorme, Míriam

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    Respuestas
    1. Confluyeron varias cosas en el relato. Una, tu problema. Así que ahí estás, de interlocutora de la prota, dándole el pie xD

      Pues yo estoy segura de que si te pusieses escribirías bien. Tienes una mente interesantísima y un corazón apasionado, querida :)

      Gracias por tus palabras.

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