martes, 8 de septiembre de 2015

Caminos extraños.


Toma, Rosa. Segunda parte de las andanzas de Miguel y Candela.



Se acostumbraron a compartir sueños con el amor de su vida y cama con un amante autoestopista: no es difícil encontrar en las noches a alguien que busca un refugio y que ofrece a cambio de amor desechable. Pero esa esquizofrenia emocional no podía durar. Tarde o temprano les llegaría el turno de decidir si se entregaban a sus sueños o intentaban mantener sus pies bien pegados al suelo de la vigilia. 

El primero en enfrentarse a la decisión fue Miguel. Se despertó al lado de Lorena, que había abierto una frutería hacía unas semanas al lado de su casa. Disfrutó infinitamente del cortejo: Lorena, que intentaba llamar su atención sin exponerse demasiado, siempre deslizaba en su bolsa la manzana más jugosa, la lechuga más fresca, las cerezas más dulces. Una tarde las bolsas de plástico decidieron enredarse entre los dedos de Lorena y, mientras Miguel intentaba liberarla, ella encontró las fuerzas suficientes para invitarlo a tomar una caña. Y Miguel, que no había dicho que no a nadie desde que Candela le devolvió su carta, aceptó.

-Paso a recogerte a las 8.30 y te ayudo a cerrar -dijo mientras abandonaba el comercio sin que Lorena acertase a responder.

Miguel cumplió. Volvió a la hora del cierre y ayudó a Lorena a guardar las frutas y hortalizas más delicadas en cámaras, barrió la tienda y cerró la persiana mientras ella hacía caja. Cuando hubo acabado se apoyó en el mostrador y la observó. Lorena tenía el pelo cobrizo, los ojos verdes y pecas en la nariz. Sonreía siempre y, aunque podía decirse por sus ojeras cuándo estaba teniendo un mal día, nunca negó una palabra amable a nadie.  "Podría llegar a quererla", se dijo Miguel. Y mientras se debatía sobre si debía besarla, ella lo besó a él.

Esa noche se saltaron las cañas, la cena y el postre. Aterrizaron sobre la cama de Miguel y se lo dieron todo hasta quedar exhaustos. A la mañana siguiente, mientras contaba las pecas de la nariz de Lorena, Miguel decidió que amar a Candela en sueños no era suficiente. Y se propuso amar a Lorena. 



Unos meses después, al entrar en la oficina, Candela encontró a Miguel rodeado de compañeros que lo felicitaban y vitoreaban. 

-¿Qué celebramos? -dijo Candela, consciente de que no era su cumpleaños, ni su santo, ni ninguna otra fecha señalada: las conocía todas.

-Miguelito -dijo uno de ellos mientras palmeaba la espalda de Miguel-, ¡que se nos casa!

A Candela se le cayeron todos los documentos que cargaba, pero no le importó. Se acercó a Miguel y le espetó, sin importar que la tachasen de loca:

-¡No puedes hacerme esto! ¿Me oyes, Miguel? ¡Yo te quiero! 

Y entonces lo besó con furia.

El corazón de Miguel se rasgó con aquellos gritos y la sal de aquel beso hizo que el dolor se le antojase insoportable. Sostuvo el beso mientras apartaba a Candela con dulzura. 

-Lamento que no hayamos sabido amarnos a tiempo -dijo Miguel. 

A continuación besó la frente de Candela y tomó asiento en su escritorio. Suspiró y miró la foto de aquella joven pecosa que había sabido conquistar sus noches, sus días y sus sueños, por ese orden. Mientras oía sollozar a Candela pensó en decirle que no merecía la pena, que en la búsqueda de la felicidad trazamos caminos extraños. Calló, sin embargo, pues no lo habría creído. Hay lecciones que tenemos que aprender por nosotros mismos. 




Quedan 11.

18 comentarios :

  1. Ya sabía yo que el arreglo tenía truco XP

    JAJAJAJAJAJAJA


    Te quiero, tejedora mía <3

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    1. xDDDDDDDDDDD

      Los finales perfectos los dejamos para las pelis de hollywood xD

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  2. Ah, no... Me gustó más el capítulo anterior con el final abierto. Perros del hortelano, no.

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    1. Jajaja.Sí, los perros del hortelano son bastante cargantes.

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  3. ¡Mecachis! Y yo que ya disfrutaba pensando en el día en que, por fin, se haría realidad el sueño...

    Y te voy a decir lo mismo que Candela: ¡No puedes hacerme esto!

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    1. Jajajaja. A veces los sueños que soñamos no se hacen realidad y encontramos otros mejores. Hay cantidad de amores platónicos que nunca llegaron a ser en nuestras vidas. Y parece que fue para bien, ¿no?

      En cualquier caso, el "timing" es importante. Para todo xD

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  4. Chica, no dejas de sorprenderme con tus relatos.

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  5. Me parece a mi que todxs nos habíamos hecho una idea diferente de Miguelito...

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    1. No sé. No creo que Miguelito haya hecho nada malo xD Simplemente siguió adelante :P jaja.

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  6. Como llego tarde, no pude comentar el otro... pero mi comentario es el mismo en ambos casos: la vida, con su azar, con su realidad, tiene estas cosas. Me gusta precisamente porque no hay final feliz. En el otro tampoco lo había (aunque podías fantasear con que lo hubiera en un futuro). Nos gusta creernos dueños de nuestros pasos, y no es cierto. O no del todo. Porque incluso aunque aceptando que vale, que tú eliges un camino, parece que la vida se empeña en insinuarte otros caminos alternativos, y un camino anula a otro. Estaría bien poder vivir todas las alternativas posibles de nuestra existencia. Pero no es posible.
    ¡Un abrazo!
    P.D: No sé si mi comentario me ha quedado un poco rallante, pero bueno XD

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    1. Me ha encantado tu comentario. Rallante o no. :)

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  7. "Suspiró y miró la foto de aquella joven pecosa que había sabido conquistar sus noches, sus días y sus sueños, por ese orden."
    Ay, Bettie J, qué cosas salen de tu cabecita <3

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  8. Ohhhhh ♥
    Me ha sabido mal por Candela pero eso, que se hubiera lanzado en su día :P
    Preciosa la historia de Lorena y Miguel ♥♥♥

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