miércoles, 16 de octubre de 2013

Neil Gaiman habla sobre la lectura, las bibliotecas, la imaginación...

Hoy he leído este artículo, y tengo que dar gracias por poder defenderme en inglés: es un artículo maravilloso, emocionante, genial. Y creo que todo el mundo debería leerlo. Por eso he decidido dedicar un rato -un buen rato- a traducirlo -de aquella manera, claro- para aquellos que no saben inglés.  A lo mejor hay otras traducciones por ahí, pero en fin, me parece importante y creo que merece la pena. Perdón, de antemano, por la cutre-traducción, que en algunos puntos será demasiado literal, en otros demasiado libre, y en otros un desastre. Una hace lo que puede, que no es mucho.

El artículo es una adaptación de una charla que dio Neil Gaiman hablando de lo importante de leer, de leer por placer, de leer ficción, de que existan sitios donde leer, ... En fin, Ahí va.



Neil Gaiman: Por qué nuestro futuro depende de las bibliotecas, la lectura y el soñar despiertos. (El original en The Guardian)

Es importante para la gente decir de qué lado están y por qué, y si son parciales. Una especie de declaración de intereses. Yo voy a hablaros sobre la lectura. Voy a contaros que las bibliotecas son importantes. Voy a sugerir que leer ficción, que leer por placer, es una de las cosas más importantes que podemos hacer. Voy a hacer un alegato apasionado para que la gente entienda qué son las bibliotecas y los bibliotecarios y que hay que preservar ambas cosas.

Y soy parcial, obvia y enormemente: soy escritor, a menudo de ficción. Escribo para niños y adultos. Durante más o menos 30 años me he ganado la vida a través de mis palabras, principalmente inventando cosas (making things up) y escribiéndolas (writing them down). Obviamente es uno de mis intereses que la gente lea, que lea ficción, que las bibliotecas y los bibliotecarios existan y ayuden a fomentar el amor por la lectura y los lugares en los que la lectura tiene lugar. 

Por tanto, soy parcial como escritor. Pero soy mucho, mucho más parcial como lector. Y más todavía como ciudadano británico.

Y estoy aquí dando esta charla esta noche, bajo el auspicio de  la Reading Agency: una organización benéfica cuya misión es proporcionar a todo el mundo las mismas oportunidades en la vida ayudando a la gente a convertirse en lectores entusiastas y seguros de sí mismos. La cual apoya programas literarios, y a bibliotecas e individuos, y pura y llanamente, alienta el acto de leer. Porque, nos dicen, todo cambia cuando leemos.

Y es ese cambio, y ese acto de lectura, de lo que voy a hablar esta noche. Quiero hablar de lo que leer hace. De para qué es bueno.

Una vez estaba en Nueva York, y escuché una conversación sobre la construcción de prisiones privadas - una industria con gran crecimiento en América. La industria de prisiones necesita planificar su futuro crecimiento - ¿cuántas celdas necesitarán? ¿Cuántos prisioneros habrá en 15 años? Y se dieron cuenta de que podían predecirlo muy fácilmente, usando un algoritmo bastante simple, basado en qué porcentaje de niños de 10 y 11 años no sabían leer. Y que, por supuesto, no podían leer por placer.

No es una equivalencia uno a uno: no puede decirse que una sociedad alfabetizada no tenga criminalidad. Pero hay correlaciones muy reales.

Y creo que algunas de esas correlaciones, las más simples, vienen de algo muy simple. La gente alfabetizada lee ficción.

La ficción tiene dos usos. En primer lugar, es una entrada hacia la lectura. El impulso a saber qué pasa después, a querer volver la página, la necesidad de seguir adelante, incluso si es duro, porque alguien está metido en líos y tú necesitas saber cómo va a acabar todo... es un impulso muy real. Y te fuerza a aprender nuevas palabras, a pensar nuevas ideas, a seguir adelante. A descubrir que la lectura, per se, es placentera. Una vez que aprendes eso, estás en el camino de leer cualquier cosa. Y leer es la clave. Había rumores hace poco, unos años, sobre la idea de que vivíamos en un mundo post-alfabetizado, en el que la habilidad de comprender las palabras escritas era, de algún modo, redundante, pero esos días han pasado: las palabras son más importantes de lo que han sido nunca.  Navegamos el mundo con palabras, y en tanto que el mundo se va deslizando dentro de Internet, necesitamos seguir, comunicar y comprender qué estamos leyendo.  La gente que no puede comprender a los demás no puede intercambiar ideas, no puede comunicarse, y los programas de traducción solo llegan hasta cierto punto.

La manera más simple de asegurarse de que criamos niños alfabetizados es enseñarles a leer, y  mostrarles que la lectura es una actividad agradable. Y eso significa, simplemente, encontrar libros que disfruten, darles acceso a esos libros y dejarles leerlos.

No creo que existan los malos libros para niños. De tanto en tanto se convierte en una moda entre los adultos el hecho de señalar a un grupo de libros para niños, un género quizás, o un autor, y declarar que son malos libros, libros que no habría que dejar leer a los niños. Lo he visto pasar una y otra vez; Enid Blynton fue calificado como un mal autor, igual que RL Stine y docenas de otros. Los cómics han sido acusados de fomentar el analfabetismo.

Es una chorrada. Es esnobismo y es una tontería. No hay malos autores para niños si los niños los leen y los buscan, porque cada niño es diferente. Pueden encontrar las historias que necesitan, y meterse en ellas. Una idea trillada y agotada puede no serlo para ellos. Es la primera vez que el niño la ha encontrado. No desaniméis a los niños cuando leen porque creáis que están leyendo el libro equivocado. La ficción que a vosotros no os gusta es una ruta hacia otros libros que quizá prefiráis. Y no todo el mundo tiene el mismo gusto que vosotros.

Los adultos bienintencionados pueden destruir fácilmente el amor por la lectura de un niño: impídale leer lo que disfruta leyendo, o dele un libro digno pero aburrido que a usted le gusta, el equivalente del siglo XXI a la literatura victoriana de perfeccionamiento. Acabará con una generación convencida de que leer no mola, y aún peor, de que es un rollo.

Necesitamos que nuestros hijos se suban a la escalera de la lectura: cualquier cosa que disfruten leyendo les hará subir, peldaño a peldaño, en la alfabetización. (Tampoco haga lo que hizo cierto autor cuando su hija de 11 años estaba enganchada a RL Stine, a saber, conseguir una copia de Carrie, de Stephen King, diciéndole que si le gustaban esos libros, este le encantaría. Holly no leyó nada más que historias seguras de colonos en praderas durante el resto de su adolescencia y todavía me lanza miradas asesinas cuando el nombre de Stephen King sale a relucir). 

Y la segunda cosa que hace la ficción es fomentar la empatía. Cuando ves la televisión o una película, estas presenciando cosas que pasan a otras personas. La prosa de ficción es algo que se construye a partir de 26 letras y un puñado de signos de puntuación, y tú y solo tú, usando tu imaginación, creas un mundo y lo pueblas y miras a través de otros ojos. Llegas a sentir cosas, visitar lugares y mundos que, de otro modo, nunca conocerías. Aprendes que cualquier otra persona es un yo, también. Estás siendo otra persona, y cuando vuelvas a tu propio mundo, habrás cambiado ligeramente.

La empatía es una herramienta para convertir a la gente en grupos, para permitirnos funcionar como algo más que individuos obsesionados con nosotros mismos.

Además, mientras lees te das cuenta de algo muy importante para hacerte tu camino en el mundo. Y es esto:

El mundo no tiene por qué ser así. Las cosas pueden ser diferentes.

Estaba en China en 2007, en la primera convención de ciencia ficción y fantasía aprobada por el partido en la historia de China. Y en un determinado punto, hice un aparte con un alto oficial y le pregunte por qué. La ciencia ficción había sido vista con malos ojos durante mucho tiempo. ¿Qué había cambiado?

Es simple, me dijo. Los chinos eran brillantes haciendo cosas si otra gente les traía los planos. Pero no innovaban y no inventaban. No imaginaban. Así que enviaron una delegación a Estados Unidos, a Apple, Microsoft, Google, y preguntaron a la gente que estaba inventando el futuro cosas sobre ellos mismos. Y se dieron cuenta de que todos ellos habían leído ciencia ficción cuando eran niños y niñas.

La ficción puede mostrarte un mundo diferente. Puede llevarte a lugares donde nunca has estado. Una vez que has visitado otros mundo, como aquellos que comieron el fruto de las hadas, nunca puedes estar completamente satisfecho con el mundo en el que has crecido. La insatisfacción es algo bueno: la gente insatisfecha puede modificar y mejorar su mundo, hacerlo mejor, hacerlo diferente.

Y ya que estamos en la materia, me gustaría decir unas palabras acerca del escapismo. Oigo ese termino lanzado como si fuera algo malo Como si la ficción "escapista" fuese un opio barato usado por gente confundida, absurda y engañada, y la única ficción valiosa, para adultos o para niños, es la ficción mimética, que refleja lo peor del mundo en el que el lector se encuentra.

Si estuvieseis atrapados en una situación imposible, en un lugar desagradable, con gente que os desea el mal, y alguien  ofreciera un escape temporal, ¿no lo tomaríais? Y la ficción escapista es solo eso: ficción que abre una puerta, muestra la luz del sol ahí fuera, te da un lugar al que ir, en el que estás al mando, con gente con la que quieres estar (y los libros son lugares reales, no os equivoquéis); y lo más importante, durante tu escapada, los libros pueden proporcionarte conocimiento sobre el mundo y tus problemas, darte armas, una armadura: cosas reales que puedes llevarte de vuelta a tu prisión. Habilidades, conocimiento y herramientas que puedes usar para escapar de verdad.

Como JRR Tolkien nos recordó, las únicas personas que vituperan la posiblidad de escapar son los carceleros.

Otra manera de destruir el amor de un niño por la lectura, por supuesto, es asegurarse de que no hay libros de ningún tipo cerca. Y no darles un lugar donde leerlos. Yo tuve suerte. Mientras crecía, tenía una librería local excelente. Y tenía el tipo de padres que podían ser convencidos de dejarme en la biblioteca de camino a su trabajo en verano, y el tipo de bibliotecarios a los que no les importa que haya un niño pequeño, sin compañía, dirigiéndose a la sección infantil cada mañana, abriéndose camino entre el catálogo, buscando libros con fantasmas, magia o cohetes, buscando vampiros, detectives, brujas o milagros. Y cuando hube acabado con la sección infantil, comencé con los libros para adultos.

Eran buenos bibliotecarios. Les gustaban los libros y les gustaba que los libros fuesen leídos. Me enseñaron cómo pedir libros de otras bibliotecas con préstamos interbibliotecarios. No eran snobs con nada de lo que leí. Simplemente parecía gustarles que hubiese un niño pequeño de ojos abiertos que adoraba leer, y me hablaban de los libros que iba leyendo, me encontraban otros de la misma serie, me ayudaban. Me trataron como otro lector - ni más ni menos-, lo que significa que me trataron con respeto. No estaba acostumbrado a ser tratado con respeto a los 8 años.

Las bibliotecas van de libertad. Libertad para leer, libertad de ideas, de comuncación. Van de educación (que no es un proceso que acaba el día que dejamos el colegio o la universidad), van sobre entretenimiento, sobre construir espacios seguros y sobre acceso a la información.

Me temo que en el siglo XXI la gente está confundida acerca de lo que las bibliotecas son y cuál es su propósito. Si entiendes una biblioteca como una estantería de libros, puede parecer anticuada en un mundo en el que la mayoría, aunque no todos, los libros impresos existen digitalmente. Pero eso es, básicamente, perder de vista lo importante.

Pienso que tiene que ver con la naturaleza de la información. La información es valiosa, y la información correcta es enormemente valiosa. Durante toda la historia de la humanidad hemos vivido en tiempos de escasez de información en los que tener la información que necesitábamos era siempre importante y siempre valía para algo. La información era algo valioso y aquellos que la tenían o podían obtenerla podían cobrar por ese servicio. 

En los últimos años hemos pasado de una economía de escasez de información a una movida por un exceso de la misma. Según Eric Schmidt, de Google, cada dos días los humanos crean la misma información que habían creado desde el amanecer de la civilización hasta 2003. Eso es más o menos cinco exobytes de datos al día, para los que llevéis la cuenta. El reto es ahora, no encontrar esa planta que escasea creciendo en el desierto, sino encontrar una planta específica creciendo en medio de la jungla. Vamos a necesitar ayuda navegando entre esa información para encontrar lo que realmente necesitamos.

Las bibliotecas son lugares a los que la gente va a por información. Los libros son solo la punta del iceberg de la información: están ahí y las bibliotecas pueden proporcionarte libros gratis y legalmente. Más niños que nunca están tomando prestados libros de las bibliotecas - libros de todo tipo: en papel, digitales y en audio. Pero las bibliotecas son también, por ejemplo, lugares donde la gente, que puede no tener ordenadores, que puede no tener conexión a Internet, puede conectarse sin pagar nada: algo extremadamente importante cuando la manera de encontrar trabajo, presentar una candidatura o pedir ayudas está pasando a ser exclusivamente online. Los bibliotecarios pueden ayudar a estas personas a navegar en ese mundo.

No creo que todos los libros estarán o deban estar en pantallas: como Douglas Adams me apuntó una vez, más de 20 años antes de que apareciese el Kindle, un libro físico es como un tiburón. Los tiburones son viejos: había tiburones en el océano antes de que existiesen los dinosaurios. Y la razón por la que todavía hay tiburones es porque son mejores en eso de ser tiburones que cualquier otra cosa.  Los libros físicos son duros, difíciles de destruir, resistentes a un baño, funcionan con luz solar, se sienten agradables en tu mano: son buenos en eso de ser libros, y siempre habrá un sitio para ellos. Su lugar está en las bibliotecas, del mismo modo que las bibliotecas ya se han convertido en lugares en los que puedes acceder a ebooks, audiolibros, DVDs y contenido en la web.

Una librería es un repositorio de información y da a todo ciudadano el mismo derecho a acceder a ella. Eso incluye información sobre la salud. Y sobre la salud mental. Es un espacio comunitario. Un lugar seguro, un lugar de calma dentro del mundo. Es un lugar con bibliotecarios en él. Cómo serán las bibliotecas del futuro es algo que deberíamos estar imaginando hoy.

La alfabetización es más importante de lo que fue nunca, en este mundo de texto y emails, un mundo de información escrita. Necesitamos leer y escribir, necesitamos ciudadanos globales que puedan leer cómodamente, comprender lo que leen, entender matices y hacerse entender.

Las bibliotecas son realmente las puertas hacia el futuro. Por lo tanto, es desafortunado que, alrededor del mundo, haya autoridades locales aprovechando la oportunidad para cerrar librarías como una manera fácil de ahorrar dinero, sin darse cuenta de que están robando del futuro para pasar el día de hoy. Están cerrando puertas que deberían abrirse.

De acuerdo con un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Inglaterra es el "único país donde el grupo de mayor edad tiene más capacidad en alfabetización y habilidad numérica que el grupo más joven, después de que otros factores como género, trasfondo socioeconómico y tipo de trabajo sean tomados en consideración".

O, dicho de otra manera, nuestros hijos y nietos están menos alfabetizados y tienen menos habilidad matemática que nosotros. Son menos capaces de desenvolverse en el mundo, de entenderlo para resolver problemas. Pueden ser engañados y confundidos, serán menos capaces de cambiar el mundo en el que se encuentran, menos empleables. Todas esas cosas. Y como país, Inglaterra caerá por detrás de otras naciones desarrolladas porque carecerá de mano de obra cualificada.

Los libros son la manera en la que nos comunicamos con los muertos. La manera en la que aprendemos de aquellos que ya no están entre nosotros que la humanidad se ha construido a sí misma, ha progresado, haciendo el conocimiento algo gradual más bien que algo que hay que volver a aprender una y otra vez. Son historias más viejas que muchos países, historias que han sobrevivido las culturas y los edificios en los que se contaron por primera vez.

Creo que tenemos responsabilidades para con el futuro. Responsabilidades y obligaciones para con los niños, con los adultos en los que esos niños se convertirán, con el mundo en el que se encontrarán. Todos nosotros - como lectores, escritores, ciudadanos- tenemos obligaciones. Intentaré citar algunas de esas obligaciones.

Creo que tenemos la obligación de leer por placer, en privado y en público. Si leemos por placer, si otros nos ven leyendo, aprendemos, ejercitamos nuestra imaginación. Mostramos a otros que leer es algo bueno.

Tenemos la obligación de apoyar a las bibliotecas. Usarlas, animar a otros a usarlas, protestar contra su cierre. Si no valoras las bibliotecas, no valoras la información, o la cultura, o la sabiduría. Estás silenciando las voces del pasado y dañando el futuro.

Tenemos la obligación de leer en voz alta a nuestros hijos. De leerles cosas que disfruten. De leerles historias de las que ya estamos cansados. De hacer las voces, de hacerlo interesante, de no dejar de leerles solo porque han aprendido a leer. Utilizad el tiempo de leer como tiempo para crear lazos, como tiempo en el que no se miran los teléfonos, en el que las distracciones del mundo se ponen a un lado.

Tenemos la obligación de usar el lenguaje. De esforzarnos en averiguar qué significan las palabras y cómo utilizarlas, en comunicarnos claramente, en decir lo que queremos decir. No debemos intentar congelar el lenguaje, o pretender que es una cosa muerta que debe ser reverenciada, sino que debemos usarlo como algo vivo, que fluye, que toma palabras prestadas, que permite que los significados y las pronunciaciones cambien con el tiempo.

Nosotros, los escritores -y especialmente los que escribimos para niños, pero todos en general- tenemos una obligación con nuestros lectores: la obligación de escribir cosas verdaderas, especialmente cuando estamos creando historias sobre personas que no existen en lugares que nunca han sido - de entender que la verdad no es lo que pasa, sino lo que se dice sobre quienes somos.  La ficción es una mentira que dice la verdad, después de todo. Tenemos la obligación de no aburrir a nuestros lectores, de hacerles que necesiten pasar las páginas. Una de las mejores curas para un lector  reacio es una historia que no puede parar de leer. Y al tiempo que contamos a nuestros lectores cosas verdaderas y les damos armas, y armaduras, y transmitimos la sabiduría que hayamos ganado en nuestra breve estancia en este verde mundo, tenemos la obligación de no sermonear, de no empujar morales por la garganta de nuestros lectores, como pájaros adultos alimentando a sus crías; y tenemos la obligación de nunca, nunca, bajo ninguna circunstancia, escribir algo para niños que no leeríamos nosotros mismos.

Tenemos la obligación de entender y reconocer que, como escritores para niños, estamos haciendo un trabajo importante, porque si lo estropeamos y escribimos libros aburridos que alejen a los niños de la lectura, estaremos  menguando nuestro futuro y disminuyendo el suyo.

Todos nosotros -adultos y niños, escritores y lectores - tenemos la obligación de soñar despiertos. Tenemos la obligación de imaginar. Es fácil hacer como que nadie puede cambiar nada, que estamos en un mundo en el que la sociedad es enorme y el individuo menos que nada: un átomo en un muro, un grano de arroz en un arrozal. Pero la verdad es que los individuos cambian el mundo una y otra vez, los individuos construyen el futuro y lo hacen imaginando que las cosas pueden ser distintas.

Mirad a vuestro alrededor, en serio. Por un momento mirad la habitación en la que estáis. Voy a señalar algo tan obvio que solemos olvidarlo. Esto: cada cosa que podéis ver, incluyendo los muros, fue, en un momento, algo imaginado. Alguien decidió que era más fácil sentarse en una silla que en el suelo, e imaginó la silla. Alguien tuvo que imaginar una manera en la que yo pudiera hablar con vosotros en Londres, ahora mismo, sin que nos lloviese encima. Esta habitación y las cosas en ella, y todas las otras cosas en este edificio, en esta ciudad, existen porque, una y otra vez, la gente imaginó cosas.

Tenemos la obligación de hacer las cosas hermosas. No de dejar el mundo más feo de lo que lo encontramos, no de vaciar los océanos, no de dejar nuestros problemas a la próxima generación. Tenemos la obligación de limpiar tras nuestro paso y de no dejar a nuestros hijos en un mundo que, con poca previsión, hemos destrozado, menguado y lisiado.

Tenemos la obligación de decir a nuestros políticos qué queremos, de votar contra políticos o partidos que no entiendan el valor de la lectura en la creación de ciudadanos que merezcan la pena, de cualquier político o partido que no quiera actuar para preservar y proteger el conocimiento y fomentar la alfabetización. Esto no es una materia de política de partidos. Es una materia de humanidad.

A Albert Einstein le preguntaron una vez cómo podríamos hacer inteligentes a nuestros hijos. Su respuesta fue simple y sabia. "Si queréis que vuestros hijos sean inteligentes,"dijo, "leedles cuentos de hadas. Si queréis que sean más inteligentes, leedles más cuentos de hadas." Entendió el valor de la lectura y de la imaginación. Espero que podamos dar a nuestros hijos un mundo en el que lean y en el que les lean, e imaginen, y entiendan.

***


¿Qué os ha parecido? ¿Emocionante? Yo cuando lo he leído se me han escapado lagrimillas y todo... Claro, con esta traducción churra es más difícil que eso ocurra, pero bueno... :P

¡Muá!

20 comentarios :

  1. Es super interesante, pero no se si me alucina más el artículo o la pedazo traducción que te has marcado. ¡Vaya curro Bettie! Muchas gracias.

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    1. Jajajajajajaja. Si es un churro... Y te aseguro que noe s algo que me apetezca volver a hacer ya mismo xDDD ¡¡¡Valoremos a los traductores, que tienen un curro muy duro!! :P

      Me alegro de que te parezca interesante, el esfuerzo sirvió para algo xDD Cuando iba por la mitad, decía: "Mira que si me pego la panzá a traducir y nadie lo lee...." xDD

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  2. Cuantísima razón tiene este hombre. Por cierto, gracias por traducirlo.

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    1. De nada, ojalá pudiera hacerlo mejor :) Pero bueno, si la idea llega... :)

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  3. ¡Me ha encantado! Y tu traducción está genial. Yo soy profe y le doy mucha importancia a la lectura. Me da pena ver cómo algunos niños no disfrutan de la lectura porque sus padres se lo imponen como obligación, pero no les enseñan a disfrutarla.
    Besos y gracias por el currazo que te has metido ;)

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    1. Vivan esos profes que dan importancia a la lectura y que enseñan a amarla, que no es lo mismo que enseñar a leer :)

      Yo he tenido suerte de que, aunque he leído libros por obligación, a esas alturas ya sabía que había historias maravillosas y que, después de ese libro que estaba aborreciendo, podría pasar a otro que me encantase. :)

      De nada, Maite ^^

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  4. ¡Qué vivan los libros, las bibliotecas y la literatura!

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  5. ¡Muchísimas gracias por la traducción! A mí también me había emocionado tanto la charla de Gaiman, que me había puesto a traducirla. Iba ya por el segundo párrafo cuando he pensado... ¿y si alguien lo ha traducido ya?

    Es una charla estupenda, se lo he comentado a mi bibliotecaria, y ahora mismo se la mando. Creo que todos los que amamos las bibliotecas deberíamos difundirla. Si a mí, lector de biblioteca, se me han saltado las lágrimas, creo que a un bibliotecario le tiene que animar el día y más que eso, la vida: qué bien explica Gaiman lo grande de su oficio de sacerdotes, custodios y apóstoles de la información :-)

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    1. Pues sí, qué bien lo explica. Yo ni pensé que alguien lo hubiese traducido, madre mía... :P Jajaja. No es la mejor traducción, pero está hecha con la mejor intención, la de difundir estas ideas, como amante de la lectura, como ciudadana, como persona preocupada por la educación,... :)

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  6. Por cierto, una sugerencia sobre la traducción: yo traduciría "bonding time" como "tiempo de crear lazos", más que como "tiempo de apego", ¿no te parece?

    Es que ese párrafo me ha tocado especialmente :-)

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    1. Lo he traducido así por el vocabulario que se usa en crianza, pero sí, crear lazos es más general :) ¡Gracias!

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  7. Si es que leer es lo más.

    Chapó por la traducción.

    Un saludo

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  8. Rara vez comento sobre lo que leo por Internet, pero la verdad es que Neil Gaiman nos rompe los esquemas con recordarnos la base de lo esencial que radica en la imaginación. Y que llamado tan alarmante nos hace con el cierre de bibliotecas...Te felicito y chapeau Bettie Jander por tan noble esfuerzo de traducir esta conferencia, como quien dice, recién salido del horno. ;)

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    1. Gracias Clara. Sí, es verdad. Neil Gaiman cuando habla, habla. Y merece la pena escucharle. Y si hay que traducir, pues se traduce :) Gracias por comentar ^^

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  9. Muy buena traducción, gracias por compartirla con nosotros.

    Viva la lectura, vivaaaaaa!!

    Este artículo nos toca la fibra a los lectores empedernidos ^^

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  10. Jodo, menuda panza de leer me acabo de pegar.. que además ya ni veía de tanto rato que llevaba por el ordenador JAJAJAJA aunque me quedara sin ojos tenía que acabarla xDDD
    Muchas gracias por la traducción! ♥ Muy grande lo que dice este hombre.

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    1. De nada Lansy. ;) Gracias a ti por leer :D ^^

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