domingo, 29 de abril de 2012

Una feliz casualidad y varias casualidades normales.

Hay quien dice que la casualidad no existe, solamente la causalidad, pero para mí hay ciertas conjunciones de causalidades que si no es por casualidad, no puedo explicar cómo ocurren. 

Ayer nos pasó algo curioso. Habíamos quedado con una amiga que deja el país para buscar su destino fuera. Esta amiga, aunque en estos momentos es común a mí y a mi pareja, en origen fue una compañera de universidad suya.  Tras un rato de risas, recuerdos de Irlanda y cervezas, cada mochuelo se fue a su olivo. Volvimos andando, y a mitad de camino, doblando una esquina, nos encontramos con otro amigo de mi pareja, también de la Universidad. Estuvieron hablando, riendo y recordando un buen rato. En un determinado momento, se despidieron y seguimos adelante. Entonces, mi novio hizo una broma: "Aún nos encontraremos a otro compañero más". 

Ya casi llegando a casa, nos encontramos a otro de sus compañeros. En este caso, la coincidencia fue todavía más rebuscada, porque el tipo suele vivir en Madrid. ¿Qué probabilidades había de que se cruzasen aquí, y a las dos de la madrugada? Yo diría que pocas, aunque no soy matemática. 

Fue curioso. 

¿Por qué digo que una de las casualidades fue feliz? Porque el primer compañero con el que nos encontramos es uno de los mejores amigos de mi novio. La verdad es que son un poco enfermos mentales, hacen bromas que sólo ellos entienden y se ríen de cosas que es difícil pillar. Estuvimos un buen rato allí, mientras ellos hablaban y recordaban cosas. Por primera vez desde hace mucho tiempo vi a mi novio reír casi hasta el límite del llanto durante tanto rato. Y eso me hizo tremendamente feliz. 

Y ese es mi retal colorido del día de ayer. 

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