viernes, 20 de abril de 2012

A la antigua usanza

Hoy me he sentado a escribir una carta. Una carta a la antigua usanza. Una de aquellas en las que te pones ante el papel en blanco con una sonrisa y balanceas el bolígrafo entre los dedos pensando en qué vas a contar, en cómo empezar.  Todo esto sin dejar de sonreír. Una de esas cartas en las que la pluma se mueve rápidamente, porque los pensamientos van más rápidos que la mano. Una carta que hace que el tiempo sea aún más relativo, porque cuando acabas, no te queda más que preguntarte, de una manera muy british: Oh God, is that the time? (perdón si he metido la gamba, creo recordar que era así)

Disfruto mucho escribiendo a mano. Y más todavía escribiendo cartas. Es cierto que se ha perdido bastante la costumbre, y no es difícil entender por qué: si puedo comunicarme instantáneamente con alguien a través de Internet, o escribir un email y tener una respuesta en muy poco tiempo, ¿qué sentido tiene?

Bueno, quizá no lo tenga a efectos de utilidad, pero no todo en la vida es utilidad - ¿qué puedo decir yo, que estudié Filosofía, eh? Pero yo le encuentro un doble encanto a eso de enviarse cartas. Para empezar, tienen esa  magia de las cosas que han caído en desuso. Llamadme tonta, pero me pasa lo mismo con el punto de jersey o el corte y la confección: me seducen. Y por otra parte, creo que escribir y enviar una carta es algo muy íntimo y personal. En la caligrafía de una persona se pone parte de su esencia. La otra persona ha estado tocando ese papel, ha estado poniendo en él sus palabras. Recuerdo, cuando era pequeña, que mis amigos de correspondencia y yo solíamos poner un poco de nuestra colonia en las páginas. Ya veis, me pongo nostálgica de recordar las páginas que olían a Ragazza, Chispas o Don Algodón.  

Cuando recibes una carta percibes en ella la ilusión de quien la ha enviado y sabes que está esperando tu respuesta. Y eso, hoy en día, donde hay cosas que son tan inmediatas, no está nada mal. Abrir el buzón y encontrar un sobre, con tu nombre escrito en la caligrafía de esa persona que, inevitablemente, es alguien especial, te alegra el día.



También me gusta escribir a máquina. Pero en una máquina antigua. Oyendo el "clin" del carro al pasar de línea y el "tracatracatraca" de las teclas al tatuar el papel. Pero eso es otra historia. 




4 comentarios :

  1. Me pasa lo mismo :) A mi me encanta la emoción de abrir el buzón y ver que te han mandado una carta... es como AHHHH!! :D

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    Respuestas
    1. sii! es como... ahhh!! quiero leer-quiero leer- quiero leer!! ajajaja

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