domingo, 8 de abril de 2012

En España todo va bien.

O eso se deduce de la cantidad de esfuerzos que dedican nuestros políticos a hacer el tonto. Y no, no pienso buscar un eufemismo, porque es eso exactamente lo que hacen: perder el tiempo y hacer el tonto.


No lo digo en general, que podría, sino en concreto, por la feliz ocurrencia de un Ayuntamiento del PP de retirar el nombre de Rafael Alberti de un teatro.  Las razones, que pueden leerse en el artículo enlazado en la línea anterior, son pocas y peregrinas, y desde luego, no suficientes, para quitar al teatro el nombre del autor de Marinero en tierra, de cuya pluma brotaron versos como estos:










    Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.Llevadla al nivel del mar
y nombardla capitana
de un blanco bajel de guerra.¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!









¿Bonito, verdad? No hay razón mercantilista que justifique esta maniobra del PP. Ni siquiera la que alude a que, vaya por Dios, el poeta no tiene relación alguna con el municipio donde se encuentra el teatro, a saber Huércal-Overa. Pobres de aquellos municipios que no cuenten entre sus habitantes a algún personaje ilustre - que no sé si es el caso. Y si tienen sólo uno, va a haber que bautizar a todos los edificios de la misma manera. En el caso de mi pueblo, ahora mismo, tendríamos para elegir Teatro Santa Teresa de Jesús o Clemente de Aróstegui. A este pobre hombre no creo que se le conozca mucho, así que podrían dejarlo sin teatro por no vender bien el pueblo. Si nos ponemos poco rígidos, podríamos incluso llamarlo "Teatro Reyes Católicos" aunque eso ya sería pasarse de pretenciosos.  Y creo que el instituto donde estudié no debería llamarse "Jorge Manrique", ya puestos. Bueno, si me pongo, le cambio el nombre a la mitad de los edificios de España.


Intento tomármelo con humor, pero es que estos ataques de revanchismo, porque no se trata de otra cosa, me ponen bastante enferma. Menos mal que creo que el señor Alberti se lo habría tomado bien, con el sentido del humor que desprenden algunos de sus poemas:




EL TONTO DE RAFAEL
(Autorretrato burlesco)


   Por las calles, ¿quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,
no de alcoba o mirabel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tontaina tonto del higo,
rodando por las esquinas
bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?
¡Oh, oh, pero si es aquél
el tonto de Rafael!

Tengo que reconocer que tengo cierta debilidad por Alberti. De pequeña, gané en un concurso un libro titulado "Rafael Alberti para niños", que recogía unos cuantos de sus poemas acompañados de ilustraciones. ¡Cuántas noches apagué la luz a disgusto, después de soportar los gritos de mi madre, por quedarme hasta tarde leyéndolo! Llegué a aprenderme todos los poemas de memoria. Me encantaba ese libro, lo adoraba.



(Mi señora madre lo prestó sin mi consentimiento, y creo que debo darlo por perdido...Pero quiero volver a conseguirlo, para, algún día, léerselo a mis hijos, sobrinos, nietos, vecinos, o a quien se tercie).


Don Rafael, si usted puede presenciar este despropósito, no se lo tome muy a pecho, y, dadas las fechas en que estamos, me permitiré decir "perdónelos, porque no saben lo que hacen". La pena es que sí, lo saben muy bien. Y les da igual. Aunque quizá a usted le guste tan poco dar nombre a un teatro como estar en la ciudad.



 Si yo nací campesino,
si yo nací marinero,
¿por qué me tenéis aquí,
si este aquí yo no lo quiero?

El mejor día, ciudad
a quien jamás he querido,
el mejor día  —¡silencio!—
habré desaparecido.

Todos los poemas incluídos en esta entrada son de Rafael Alberti.


Espero que los hayáis disfrutado.


3 comentarios :

  1. Gracias por compartirlo, Bettie... No sé por qué los políticos, sean de un bando o de otro (que ambos hacen igual), se empeñan en borrar la huella de nuestra historia, de nuestras artes y de nuestras letras y ciencias...

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  2. Porque la política en este País se hace midiendo a ver quien la tiene más larga, reina... Triste pero cierto.

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